La forma de violencia laboral más invisibilizada en las organizaciones suele ser la violencia psicológica sutil y sistemática, también conocida como mobbing. A diferencia de agresiones físicas o el acoso sexual explícito, que son más fáciles de identificar y denunciar, esta violencia psicológica se disfraza de dinámicas de trabajo "normales" o exigencias laborales.
Pasa desapercibida porque las acciones hostiles suelen ser sutiles, graduales y camufladas como parte de la función cotidiana de la empresa. Tácticas como ignorar deliberadamente a la víctima, interrumpirla constantemente, asignarle tareas sin sentido o desvalorizar su trabajo no son incidentes aislados, sino un proceso continuo y recurrente. A menudo, solo la víctima es consciente de la naturaleza hostil y dañina de estas acciones, mientras que los demás pueden percibirla como hipersensibilidad de su parte o un simple conflicto interpersonal. Además, puede haber cierta complicidad organizacional por vacíos de liderazgo o falta de protocolos claros.
Un ejemplo general de esto es cuando a un empleado con buen desempeño se le empiezan a reasignar tareas por debajo de sus capacidades, o se le priva de recursos necesarios para realizar su trabajo sin una justificación clara. También puede ocurrir que se le excluya de reuniones importantes o conversaciones informales donde se toma información clave, haciéndolo sentir invisible y socavando su capacidad de contribuir. Esto no se percibe inmediatamente como acoso, sino como una simple "reorganización" o falta de comunicación.
Acciones preventivas
- Establecer e implementar una política de tolerancia cero frente a la violencia y el acoso, definiendo claramente los comportamientos inaceptables (incluyendo ejemplos sutiles de violencia psicológica) y asegurando que haya consecuencias consistentes para las violaciones, independientemente de la posición del perpetrador.
- Crear un canal de denuncia confidencial y seguro que anime a los empleados a reportar incidentes sin temor a represalias. Esto debe complementarse con talleres y campañas de sensibilización continuas para formar a todos los empleados y directivos en la identificación de estas conductas invisibilizadas y la importancia de fomentar un ambiente de respeto y diálogo.